Reflexión: Guerra de sexos al volante

¿Hay diferencias en la forma de conducir?

La mujer conduce pegada al volante y no mira al retrovisor (bueno, sí: en los semáforos y Stops para retocarse), y sin perder de vista a su buen amigo el móvil, por si hay una urgencia (la que sea); el hombre, en cambio, que casi agarra con las yemas de los dedos estirando los brazos a no poder más, y (dice él) lo tiene todo controlado mirando a todos los retrovisores “al mismo tiempo”, igual que si fuera un camaleón; jugando continuamente con la palanca de cambios, (como queriendo jugar con otra cosa…).

Unas, que aumentan las precauciones (velocidades, distancias) a límites máximos insospechados; y los otros, que las disminuyen críticamente.

Que va ella conduciendo y empieza a frenar tres kilómetros antes de llegar a un ceda al paso (que está lloviendo y no se fía); y él, que no se espera que ahí frene (y conduce como si estuviese seco y soleado), y que va pegadito para aprovechar las corrientes de aire. Lo que tiene que pasar, pasa. ¿Y de quién es la culpa? Por supuesto, del otro.

Considero que NO conducimos igual: Las unas, sin atino para medir distancias, pecan de previsoras. Y los otros, que lo controlan todo, pecan de impacientes.

Igualito que el sexo: Si conduce él, la mujer le dice: “No corras tanto”. Si conduce ella, él dice: “Dale… Venga… Ahora… Vamoooos…”. Claro que, no se disfruta lo mismo 😉