Reflexión: Entrevistas de trabajo y estrés

¡Que nadie se confunda! Ni se me va a ocurrir decir que no quiero que me ofrezcan un trabajo (con su/s correspondiente/s entrevista/s), pero… ¡Qué nervios se pasan!

Queda claro que estamos mal sin un empleo (por supuesto, me refiero a los que queremos trabajar), pero ese momento de incertidumbre de no saber cuando voy a dejar de estar parado, yo es que lo llevo muy mal (imagino que como la gran mayoría):

  1. Empecemos en el supuesto de que te llaman por una oferta a la que te has apuntado: Sólo con esa llamada, las pulsaciones se te duplicarán, aunque intentarás mantener la calma para responder correctamente a todo lo que te pregunten.
  2. En la misma llamada, te comentan que les interesas, y que quieren hacerte una entrevista: Esto de por si derivará una descarga extra de adrenalina que te durará para un buen rato, incluso después de terminar la llamada.
  3. Pero la entrevista no suele ser seguida a la llamada, podría llegar a ser el mismo día, pero lo más fácil es que pases alguna que otra noche de espera dando vueltas en la cama sin poder dormir. (“¿Será esta empresa la afortunada que nos contratará, o tendremos que esperar a otra oferta?”).
  4. Ya por fin, en la entrevista, nervios será poco (si eres fumador, mejor que no lo estés intentando dejar). Mostrarás tu mejor cara, y pasarás los sudores casi sin que te des cuenta.
  5. Ahora viene lo peor, un “ya te llamaremos”… Que te dejan con la incertidumbre de cuándo y cómo acabará esto.
  6. Pasan los días, y no tienes noticias. Cada día derivará en un bajón de la moral, si pasan muchos días acabarás por sospechar que no hay opciones (aunque los procesos de reclutamiento de RRHH de las empresas pueden ir muuuy lentos). Aquí nos encontrarnos con una bifurcación:
    1. Te llaman para decirte que firmes un papel… Bueno, éste es el caso esperado, explotarás y salpicarás a todo el que esté cerca (una pequeña fiesta en casa puede venir bien para la mente, que no hay que desperdiciar un buen motivo para una celebración)… Empezarás un nuevo trabajo, con más nervios en los primeros días… Y poco a poco entrarás en la rutina, y se aliviarán tensiones (también se crearán otras… pero ésa es otra historia).
    2. Quieren una segunda entrevista… es como volver al punto 1, pero con más esperanzas. Una montaña rusa sobre los nervios de cada uno.
    3. Pasa el tiempo y no te llaman. Hay un momento en el que deberíamos llamar para saber cómo va el proceso de selección, pero ¿Cuál es el límite de tiempo que hay que esperar para hacer esta llamada? El tiempo y la paciencia (o la falta de ella) juega en contra de vuestras emociones. (Casi preferiría que me dijeran en el momento que no tengo opciones a quedarme ya sin esperanzas después de varios meses sin noticias… y sí, he dicho meses, que hay de todo por ahí… Incluso te podrías quedar esperando una llamada que nunca llegará).

Buscarse un hobby, realizar ejercicio (el sexo también vale :-)), ir al monte y gritarle al viento, o cualquier otra forma que tenga cada uno para desestresarse será bienvenida. Se sufre de mucha tensión y los que nos rodean lo pueden sufrir casi sin darnos cuenta.

Ánimo, y suerte.

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