Reflexión: ¿Conspiración de las joyerías?

Cada vez son más numerosos los casos de alergias a los abalorios (anillos, pendientes, collares…) que no son de metales preciosos puros, como si las alergias se contagiaran.

¿Por qué algunas joyas de plata producen alergias, y si las compras en una joyería no lo producen (ya deducimos que no serán exactamente las misma joyas)? ¿Qué es lo que llevan las “malignas”? ¿Alguien ha pensado en una posible conspiración de las joyerías/relojerías?

No puedo dejar de acordarme de las limitaciones que nos imponen adrede en algunos productos (como las impresoras, o las bombillas: recordemos un buen documental del año pasado), y mal-sospechar que son los joyeros los que añaden impurezas nocivas. Como si se tratara de adulterar la droga el material usado, para conseguir más cantidad (y de paso, menos puro).

Algunos me llamarán exagerado (puede que con razón), pero es que, ¿Ya habíamos pensado en el timo de las bombillas antes del famoso documental? ¿Y cuántos productos nos venden, pensando en las limitaciones que nos imponen a los usuarios casi más que en el propio producto?

¿Tengo razones para pensar en ello, o sólo son apreciaciones mías sin fundamento?

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