Reflexión: dejar de fumar

Uno de los grandes lastres de nuestra insana población está en uno de esos vicios ‘malos’ que algunos hemos traído desde nuestra lejana época adolescente. El tabaco.

Todos sabemos que es malo, para la salud, y para el bolsillo. ¿Y por qué no lo dejamos? Como si fuera tan fácil. Yo no es que sea un especialista, pero como muchos he pasado por lo mío, y por lo tanto he pensado mucho en ello.

A ver si nos ayudan una serie de pistas a tener en cuenta si no sabemos cómo dejarlo:

  1. Necesitamos fuerza de voluntad. Si eres de esos que cuando están a régimen, te lanzas de vez en cuando, a escondidas, a por una tableta de chocolate, mal lo llevamos. Más fuerza de voluntad. Si te suelen llaman cabezota, empezamos con buen pie, para esto es bueno.
  2. Un cambio de hábitos. No me refiero a hacerse monje/a, me dirijo más bien, a un cambio radical en la forma de vida: Irse a vivir a una nueva casa con la pareja (si no tiene jardín, mejor); un viaje al extranjero; empezar un trabajo nuevo (hay que dar cierta impresión); tener un hijo (ése si que es un buen argumento que muchas parejas suelen desaprovechar).
  3. Date un atracón. Ya lo has decidido, vas a dejar de fumar, aprovecha tus últimos cigarros y disfrútalos… Eso sí, después no lleves tabaco encima (incluso ni siquiera mechero).
  4. Un apoyo moral nunca viene mal: Si todos las personas que tienes alrededor fuman, mejor ni intentes dejarlo. Si tu pareja, o un buen compañer@, no fuma o lo deja contigo os podréis apoyar mutuamente.
  5. Búscate un sustituto para llevar a la boca. El más habitual suele ser el picoteo de comida basura, y los exfumadores suelen ver cómo, sus ahorros del tabaco no fumado, se van en las tiendas de ropa con un par de tallas más altas de lo normal. Que si chicles, regalices, palillos, lápices, pipas, o similares, se harán tus mejores amigos. Piensa en cuál prefieres, y en que prácticamente cualquiera influirá finalmente en algún viajecito a tu dentista. Y aparte controla tus comidas.
  6. Evita el tema. Esto no es tajante, pero cada vez que se habla del tabaco piensas en salir a fumarte un pitillo. Si lo quieres dejar, deja claro que prefieres hablar de otra cosa. (Tampoco hace falta llegar a los límites de algunos ex-fumadores que se ponen malos cuando alguien fuma cerca suyo).
  7. No elijas un posible momento de estrés. Si se acercan exámenes; si estás buscando trabajo (no es lo mismo que si lo acabas de encontrar); incluso, a las mujeres que se quedan embarazadas, no les aconsejan (actualmente) dejar el tabaco si eso les va a producir estrés, depende de la persona, pero igual es mejor esperar a dar a luz.
  8. No hay fecha límite. Después de años de haber dejado de fumar, habrá momentos en los que te tirarías de cabeza a una piscina rellena de tabaco. (Hay veces en que inconscientemente sigo echando la mano al bolsillo de la camisa… y me digo: “¿Pero, qué hago? Si hace años que no uso de eso”)
  9. En momento de flaqueza, búscate a un fumador. Sí, ya sé que suena raro. Pero si sientes que ya no puedes más, en vez de pedir un cigarro (ni mucho menos lo compres), pide que te echen el humo de lo que están fumando. A veces con eso basta. (Sino recuerda lo de la fuerza de voluntad).
  10. Pide perdón por adelantado. En épocas de crisis como ésta no hacen falta muchos motivos añadidos para perder la cabeza, y el hecho de dejar de fumar aumentará la probabilidad de que tus allegados lo sufran.

Está en vuestra mano. Ya me contaréis si os ha servido de algo.

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