Reflexión: Anécdota de los clavos en la construcción

En la construcción se utilizan continuamente los clavos (también llamadas “puntas”). Casi tanto como un electricista utiliza un destornillador. Y por supuesto, algunos se ‘estropean’: y de éstos, la mayoría es porque se doblan. ¿Cómo se actúa cuando se estropean estos clavos?

Hace unos años (mas bien unas décadas), cuando la mano de obra era barata, se le encargaba al ‘chaval’, que era habitualmente el joven recién llegado, el arreglo de las puntas dobladas: A martillazos contra la doblez de los clavos, apoyados ellos contra un taco de madera.

Incluso en un momento determinado, empezaron a llegar herramientas que ayudaban a enderezar estos clavos.

Algo más tarde, probablemente cuando la mayoría de nosotros íbamos todavía al cole (algunos ni habíais nacido todavía), a los grandes empresarios de las obras les resultaba más barato comprar cajas de clavos, que pagar las horas necesarias para reutilizar estas puntas. (Por lo que estas ‘nuevas’ herramientas dejaron también de ser rentables).

Hoy en día, muy de vez en cuando, todavía se puede ver cómo algunos de los capataces más veteranos recogen las puntas dobladas para enderezarlas probablemente fuera de las horas de trabajo, y poder reutilizarlas en otro momento. No lo consideréis como un síntoma de avaricia, puede que sea sólo una costumbre de otros tiempos (¿mejores?).

[Foto de cabecera: corcholat]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*